Con la puntualidad habitual, los dioses manes que rigen los destinos del coliseo madrileño han dado a conocer lo que nos aguarda el próximo curso operístico y musical. Como no podría ser de otra manera hay de todo como en botica. No todo es bueno. No hay nada malo pero no todo son luces. Y algún relleno.

  Veamos. Para comenzar llama la atención el número de títulos en cartel. Diecisiete. Si ampliamos un poco el foco vamos observando que hay títulos que son de paso (se representan solamente uno o dos días) y el número de representaciones de abono – donde el teatro verdaderamente se expresa-desciende a ocho. Y el número de óperas encomendadas al director musical baja a dos (una de Janacek y otra de Wagner) que bienvenidas sean.

   Esto en lo que toca a la cantidad, La calidad viene  predeterminada porque los títulos son conocidos del público y por la variedad de los estilos, siempre bajo una mirada conservadora, pues ya no está el ilustre Mortier entre nosotros. Luego reseñaré cada uno de ellos.

   Además de las óperas el teatro despliega otras actividades, como viene siendo costumbre, programando ballet y conciertos para añadirlos a la temporada y no dejar el teatro vacío con buen criterio. Entre estos últimos descuellan la Pasión según San Mateo de Bach y el Mesías de Haendel que curiosamente suben de categoría para intercalarse con las óperas, haciendo número. Préstese atención a la obra de Bach, dirigida oir el sorprendente director Theodor Currentzis, que tiene visos de figurar entre lo mejor del año.   Silenciosamente se programan recitales de Javier Anduaga (el rutilante tenor español de fulgurante carrera  en la actualidad), las sopranos Veronique Gens y Ermonela Jaho y la presencia de la orquesta del festival de Bayreuth. En cuanto al ballet ( el gran fracaso del teatro es no haber podido forjar un cuerpo estable) hay que importarlo. Así acudirá el ballet americano de Alvin alley- atención-, la  compañía nacional de danza y el de Pina Bausch cuatro días cada uno para cubrir ese flanco.

   Comentaré primero los títulos que se representan solo por la música, en versión de concierto, lo cual no es lo suyo propio. Se escuchan de manera distinta, la falta de vis de la escena se nota y pierde su verdadero ser. Puede tener su explicación en las de estilo barroco que son de acción estática y el quitarles movimiento supone un ahorro para los teatros. Las de este estilo son Ricardo Primero de Inglaterra de Haendel  con la presencia del famoso contratenor Orlinski, la dirección orquestal de Paul Agnew (verdadero especialista) y Les Arts Florissants, todo lo cual le coloca al borde de la excelencia. Del mismo estilo pero no de su talla, lo obra de Porpora, Mitridate y San Juan Bautista de Stradella. En la primera de ellas descuella Michael Spyres y en la segunda se cuenta otra vez con Orlinski y ambas con Corti y la orquesta Pomo Doro.

    Si esto tiene su razón de ser como hemos dicho antes es menos disculpable aplicar ese patrón en el caso de Fedora donde seguramente acertaran con las voces de Sonia Yoncheva o Sabina Puértolas fiados a la dirección del solvente Daniel Oren. Predíquese lo mismo de La Gioconda para que pueda relucir Anna Netrebko o Eva Maude Hubeaux. En estos casos la escena es vital. Para terminar mencionaré que retorna Bela Bartok con el mismo título que el año pasado (no lo `puedo comprender) aunque sea bienvenido y una nueva producción de teatro con música de Britten y Purcell, esta vez con escenografía.

 Nos encaminamos por fin a las óperas propiamente dichas. Iremos una por una. La temporada comienza con Manon Lescaut de Puccini con dirección de Luisotti y voces de la talla de Sandra  Radvanosky o Michael Fabiano. Les sigue Mozart (palabras mayores) con dos repartos de cantantes me imagino que adecuados para le exigencia que Mozart requiere aunque desconocidos la mayoría de ellos. Más vale correcto bueno que estrella por libre. Para navidad llega Verdi con un título no excesivamente frecuente pero no meno interesante, Simon Boccanegra, donde el teatro se luce con cantantes de primera fila como Ludovic Tezier o Francesco   Meli y  donde dominan las voces graves. Auguro éxito. Para el contraste llega una ópera de Janacek. Katia Kavanová dirigida por Gustavo Gimeno, el director titular del coliseo y escenografía de Christof Loy interpretada por especialistas, seguro que  destacará la soprano protagonista que tiene una parte dificilísima al final de la ópera. Corremos el telón del tiempo y damos  dos saltos el primero para el bel canto con la Norma de Bellini para nuestra satisfacción. Cantan Camarena, Lisette Oropesa y Aigul Atmeskina. Veremos la escena aunque la música puede con cualquiera. El segundo nos transporta a Wagner (ya era hora) con Tannhauser que dirigirá Gimeno con voces fuera de serie y más que idóneas de Tezier, Schager o Malin Bystrom.La temporada se cierra con El Barbero de Sevilla de Rossini lo que siempre se disfruta pase lo que pase.

  Dejo para el final un apunte sobre la expectante opera española que se estrenará de Manuel Busto, Bodas de sangre, sobre lo homónima de García Lorca con voces todas españolas y que cumplirá la función que tiene el Real de Madrid con el compromiso de programar siempre algo español y que será muy interesante. (Donde hay un buen libreto florece una buena opera)

 Como puede verse hay variedad y para todos los gustos. Operas conocidas, con más que dignos intérpretes, Barroco en muy buenas manos, cantantes esplendidos y adecuados, cumple con la afición y rentabiliza el teatro que no es poco. No perderse Norma o Tannhauser y a disfrutar de buenos ratos con las otras.