El celebérrimo director de orquesta nació en 1936 en Bombay y este año tendrá noventa en este mundo. Aparte de ser uno de los mejores directores de orquesta del siglo pasado posee una personalidad arrolladora y ha combinado perfectamente bien su labor orquestal con una sutil y comprometida misión de contribuir a la paz cultural en oriente medio, que no es fácil. Estuvo cinco décadas al frente de la orquesta filarmónica de Israel e inauguró  el Palau de les Arts de Valencia, guardando siempre una magnífica relación con España, a la que amaba en la que dirigió diversas orquestas españolas. Tengo todavía recuerdo de la primera vez que le escuché dirigir en Madrid, la Misa de Réquiem de Verdi (artículo que publiqué anteriormente en la revista del Colegio de Registradores) con Carreras, la profunda sensación que me causo pues le escuche matices que no se daban en otros directores.

Por ello en su honor la fundación Ibermusica le ha traído a dirigir dos programas al Auditorio Nacional. No pude estar nada más que en el último con la orquesta West Eastern Divan, fundada por Barenboim e integrada por músicos israelíes y palestinos y otros países árabes para la paz cultural entre los pueblos. Interpretaron Beethoven y Schubert. Del primero la obertura Leonora tercera y la sinfonía octava. De Schubert su sinfonía novena en do mayor la Grande. Zubin tiene muy deteriorada la movilidad pero dirige sensacionalmente bien. Sus brazos, nunca caídos recogen el fruto de las partituras que se sirven al público y los matices se translucen en sus gestos faciales y de la mano izquierda. Beethoven sonó estupendamente bien a mi modo de ver mejor en la sinfonía que en la obertura dejándose notar todos los planos y escucharse sin emborronamientos todos los instrumentos y bloques lo cual aunque parece fácil no es difícil perderse y aquí encontró su camino haciéndonoslo ver sin dudas. Luego la grande de Schubert brillo compacta dando sus frutos en los movimientos segundo y tercero aunque desplego una exacta visión del conjunto. En definitiva los años musicalmente no le pasan factura. Que Dios le conserve entre nosotros mucho tiempo, ¡Felicidades Maestro!